GUACHIPILIN XXXIV AÑOS DE TRABAJO ARTISTICO

 

Gonzalo Cuéllar

 - Considerando el papel que las artes escénicas tienen en la educación de las generaciones más jóvenes, miles de grupos artísticos profesionales en el mundo, se dedican a promover, el derecho que tiene la niñez y juventud a gozar de espectáculos diseñados especialmente para ellos.

 

El arte teatral y titeril es una expresión universal del ser humano. Posee la magia y el poder para unir grupos sociales y pueblos del mundo, promocionando la paz, la educación, la igualdad, la tolerancia.

 

En la Nicaragua de hoy aún no es comprendido el Binomio ARTE-NIÑEZ,  ni cual es el papel de éste en el desarrollo de nuestra infancia, sumado a la indiferencia de funcionarios que dirigen las instituciones culturales, la falta de presupuesto, la ausencia de políticas adecuadas, todo esto provoca que instituciones públicas y privadas no tengan como prioridad la actividad artística dirigida a nuestra niñez; esto impide reconocer el derecho de niños, niñas y jóvenes a enriquecerse a través de las artes y de sus propias tradiciones culturales, en especial de las artes escénicas (teatro, títeres, danza, música, etc.); éstas desarrollan las relaciones sociales, la inteligencia, la emotividad, la imaginación, la autoestima y la confianza; inspira opciones éticas.

 

El Teatro de Títeres Guachipilín, Agrupación profesional con 34 años de vida artística ininterrumpida, continua intentado diseñar una propuesta sobre la función del teatro y los títeres en la Nicaragua de hoy, brindando a nuestra infancia y juventud, un espacio alternativo para que se desarrollen en el plano artístico y humano.

A lo largo de éstos años hemos impulsado diferentes proyectos, basados en nuestra propia experiencia, combinando la teoría, la práctica, la experimentación y sobre todo interactuando con nuestro público, (infantil y juvenil).

 

Si hay algo que podemos afirmar es que estos procesos han posibilitado que nuestra agrupación haya obtenido resultados y logros, el que más se destaca, es que nuestro trabajo creador mantiene un respeto hacia nuestro público, esto se puede ver reflejado en nuestros espectáculos, en los que abordamos sus esperanzas, temores y sueños, todo esto a partir de una permanente comunicación, con el propósito que niñas y niños puedan expresarse haciendo del arte un instrumento pedagógico-psicoterapéutico a través del cual se comuniquen con la sociedad.

Si conectamos estos planteamientos a nuestra práctica teatral podríamos citar muchas de nuestras propuestas entre las que destacan obras que crearon polémica:

 

FANCISQUILLO (1992) Recopilado por la escritora Mexicana Pascuala Corona, antiguo cuento Mexicano que narra las aventuras de un niño de Veracruz, a partir del trabajo de dramaturgia de Zoa Meza, este trabajo nos permitió abordar el tema de la explotación del trabajo infantil y la violación de los derechos de nuestros niños y niñas.

 

LAS MANCHAS DE LA LUNA (1994) cuento de la nación Caribe de origen pre-hispánico recopilado en república Dominicana, aborda de manera  ingenua el  incesto, esto nos aproximó a la violación sistemática de la sexualidad de nuestras niñas/os en su propio hogar.

 

LA NIÑA INVISIBLE (1996) Cuento de la escritora Tove Jansson (Finlandia), de manera graciosa nos lleva al drama de la niñez, educada a través de la ironía, el chantaje y la violencia psicológica, cuyo resultado es un ser humano invisible.

 

Estas son algunas de las obras que abordaron temas tabúes en el teatro para los niños/as

Al igual que muchos de nuestros proyectos socio-culturales ejecutados en los últimos 25 años cuyo propósito es hacer posible que niños/as vivan una experiencia artística que los enriquezca.

 

Guachipilín se ha destacado en promocionar los derechos de nuestra infancia haciendo énfasis en el artículo 31 de la convención de Derechos del Niño (1989) que afirma el derecho de la niñez al tiempo libre y al disfrute de las actividades artísticas y culturales, en la que los estados partes, firmantes de dicha convención se comprometieron a que nuestra niñez viva plenamente de la vida cultural y artística de su país.

Partiendo de estas reflexiones aspiramos a un arte creado con el corazón y el cerebro para que estimule a nuestro público a desarrollarse en el espíritu del humanismo.

 

Contar los 34 años de intensa vida artística, me recuerda lo que acontece en un pueblo africano cuando un contador de historias llega al final de su cuento pone la mano en el suelo y dice: "Aquí dejo mi historia para que otro la pueda recoger otro día".

 

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Guachipilín
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